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Edgar Morin llama a la «bondad soberana» y a la fraternidad ante los desafíos del 2026

Al adentrarnos en el año 2026, un tiempo marcado por la aceleración histórica y la incertidumbre global, nuestro Rector Honorario y fundador, Edgar Morin, ha compartido una reflexión que sirve como brújula ética para nuestra comunidad y para el mundo.

Lejos de un optimismo ingenuo, Morin nos ofrece una resistencia basada en la lucidez y el afecto. Su mensaje es un recordatorio de que, aunque la crisis sea policrítica, la respuesta fundamental reside en nuestra capacidad de reconexión humana.

El mensaje del pensador

A sus más de 104 años, Edgar Morin continúa siendo un faro de humanismo. Sus palabras para este año son un poema a la resistencia del espíritu:

“Para responder a nuestras preocupaciones, en el año dos mil veintiséis, seamos unidos y fraternales. El mal no es eterno. Compasión por el sufrimiento humano, en Gaza y en Ucrania. Vivamos de amor y no de odio; bebamos de una misma fuente, la de la bondad soberana.”

Una decisión ética, no una ingenuidad

El llamado de Morin resuena con urgencia particular al mencionar explícitamente las heridas abiertas en Gaza y Ucrania. No se trata de una observación pasiva, sino de un acto de religación con el dolor ajeno.

Este mensaje nos recuerda que, aun en medio de la violencia y la incertidumbre, la humanidad conserva la libertad última: la de elegir el cuidado sobre la destrucción. Como comunidad académica y humana, debemos comprender que pensar y actuar desde la bondad no es debilidad ni ingenuidad; es una decisión ética radical para sostener la vida y abrir futuro.

Al afirmar que «el mal no es eterno», Morin nos invita a aplicar el principio de esperanza, no como una ilusión, sino como una fuerza activa. La historia humana es compleja y, aunque el ruido de la guerra sea ensordecedor, la corriente subterránea de la cooperación y la fraternidad es lo que ha permitido nuestra supervivencia como especie.

La fuente de la bondad soberana

Para la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin, estas palabras constituyen una hoja de ruta pedagógica y existencial. La educación para la era planetaria no puede limitarse a la acumulación de conocimientos técnicos; debe, necesariamente, enseñarnos a «beber de una misma fuente».

Esa fuente es la comprensión de nuestra Tierra-Patria y de nuestro destino compartido. En este 2026, la invitación es a convertir la compasión en acción y la fraternidad en política de vida.

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